27/9/12

Pack to the Future! - 13

Aunque considero que la superstición solo trae mala suerte, este decimotercer capítulo realmente se ha hecho de rogar. Retomar una historia que dejaste hace seis meses es como si llevases el mismo tiempo sin usar un pie y de pronto tuvieses que volver a andar con él, pero no os preocupéis, espero no tener tropiezos graves. No obstante lamento tener que terminar aquí con el juego de las sugerencias, ya que quiero terminar la historia de una vez por todas (aunque no por eso dejaré de tenerlas en cuenta y agradecerlas). Creo que tendremos mate dentro de ocho movimientos. Hasta entonces, disfrutad de la búsqueda interior de Jaime, nunca mejor dicho.

Jaime, o Clérigo como ahora se hacía llamar, irrumpió en un pequeño templo de Villacorazón huyendo de la turba fanática que le exigía milagros sanadores. Corrió por el pasillo formado entre los bancos, directo al altar mayor, con la esperanza de poder ocultarse tras él. Pero hubo de detenerse cuando vio que en las escalinatas que llevaban a él había alguien vestido con una túnica, arrodillado.

—¿Quién osa? —exclamó el hombre, pues de tal era su voz.

Jaime, un poco confuso, no pudo sino responder con otra pregunta:

—¿Perdón?

—¿Quién irrumpe de tal forma en la casa de Javier? Corriendo como un ladrón y armado, pues oigo entrechocar el metal de vuestra coraza.

—Yo... —Jaime pensó lo más rápido que pudo. No le resultó difícil dar con una excusa, pues era bien cierta—. Alguien que busca asilo.

—¿Asilo decís? —preguntó el sacerdote aún arrodillado sin mirarlo—. En mi templo no se da asilo a los de vuestra calaña. Marchaos y enfrentaos a la justicia del mundo que probablemente os persigue. Javier os dará la del cielo cuando llegue el día.

—Eso no es muy... Javierano de vuestra parte —señaló Jaime.

—¿Os reís de mí? —el clérigo se puso en pie, pero sin dejar de dar la espalda a Jaime—. ¿Os reís de Dios?

—La has cagado, genio —le señaló amablemente Sol a Jaime.

—¡Cállate! —le gritó él.

Todo hombre tiene un límite de comentarios insultantes que está dispuesto a aguantar a su propio subconsciente antes de estallar. Por desgracia el sacerdote encapuchado creyó que iba por él.

—Esperad aquí —le dijo a Jaime.

El hombre de la túnica caminó hasta una puerta cerca del altar, probablemente la sacristía y un momento después volvió a salir con un florete con su funda y cinturón, que se estaba poniendo en ese mismo momento por encima del cordón con el que se ataba las vestimentas.

—Habéis insultado mi honor, no nos queda otra salida que batirnos.

Jaime observó que se había quitado la capucha. Su rostro era delgado, adusto y surcado de arrugas profundas, como si estuviese tallado en piedra. Esto se daba sobre todo porque era totalmente gris; aunque de no haber sido por eso, podría haber pasado por humano. Su pelo era oscuro y rizado; sus ojos hundidos ardían con rabia, pero el resto de su rostro permanecía sereno, y una cicatriz le llegaba desde el labio inferior hasta el final de la barbilla.

—No hay necesidad eso —aseguró Jaime mientras su rival llegaba hasta las escalinatas.

Buscó su maza como recurso desesperado, pero recordó que la había dejado con el escudo en la posada.

—¿Sois un cobarde? —preguntó el sacerdote espadachín desenvainando.

Pero cuando sacó la espada ya estaba a poca distancia de Jaime y pudo verlo bien. Se paró en seco y lo miró de arriba a abajo, observando sus ropas, su armadura con el símbolo sagrado y su inconfundible humanidad. Su rostro de torció en una mueca de sorpresa, o lo más parecido, alzó un tanto las cejas.

—¡Vos! —exclamó—. Vos sois el clérigo humano. El que se me vaticinó que vendría el día en que Dios me perdonó la vida...

—Supongo que sí, parece que no hay muchos clérigos humanos por aquí —respondió Jaime, no muy convencido.

El sacerdote lanzó la espada a sus pies y clavó una rodilla en el suelo.

—Mi nombre es Tenaz, mi señor. Permitidme que os guíe hasta los Abdominios oscuros como me fue encomendado. Solo así podré redimir mi pasado.

Jaime miró de nuevo a sus guías. Luna se encogió de hombros, pero Sol gesticuló para que aceptase. Probablemente pensaba que no tenían nada que perder.

—Bueno, está bien, puedes venir conmigo si quieres —aceptó Jaime—. Pero sin armar escándalo, estoy huyendo de una turba que...

—¡Maestro! —dijo una voz a sus espaldas y a ellas se le unieron muchas más instantes después.

Jaime se giró para ver como al hablar del rey de Roma, había asomado por las puertas del templo. Decenas de rostros lo observaban expectantes, muchas de ellas encima de rostros arrodillados.

—Escuchad —dijo Jaime alzando las manos—. Lo siento, no puedo curaros a todos, no he venido para eso.

—Lo sabemos, buen Clérigo —dijo un elfo sanguíneo que se adelantó portando su escudo. A su lado había un aerófago que llevaba su maza—. Sabemos cuál es vuestra verdadera misión. Tomad: blandid vuestras armas e id presto a salvarnos de los Enemigos.

2 comentarios :

  1. Quiero que en el próximo episodio Tenaz mate a alguien de una forma estúpida (puede ser durante un flashback, pero tiene que ser un flashback dramático)

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    1. Eso sí que es dar en el clavo, macho.

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