21/11/09

NºH - Capítulo 4

De la escotilla de la Cocodrilo Sacamuelas, el único parato volador del mundo con forma fálica que por aquel entonces sobrevolaba el mar, cayeron dos bultos.
—Yo creo que no hacía falta cortarme las piernas, ¿sabes? —reprochó NºK que ahora sólo era un tronco con un brazo con el que manejaba a duras penas los mandos.
—Así aprenderás a no hablar tanto, NºK-kun —le replicó NºY.
—No creo, ¿sabéis? El brazo lo perdí cuando te pregunté si la Y era por ( o Y o ).
—Y yo te dije que si lo repetías te cortaría otra cosa, ¿cierto? —le preguntó NºY sonriendo.
—No debí hacerlo por curiosidad…
—¡Estáis todos chalados! —les gritó NºH abrazándose al parato del fin del mundo—. ¡Como putas cabras!
—Ah, ¿sigues aquí NºH-kun?
—¡¿A ti qué te parece, rubia buscona?! ¡Todavía estoy esperando el sexo que me prometiste!
NºY pareció no escucharle.
—Me da mucha penita que sigas sin poder recordar tu pasado —le dijo al amnésico NºH.
—Seguro que no fue para tanto si tú estabas —le replicó éste—. Quiero bajarme.
—Mira, tengo un espejito —continuó NºY extrayéndose el susodicho del canalillo y apretándoselo bocabajo contra el pecho—. Si te portas bien te dejaré mirarte, ¿qué me dices?
—Que sigues siendo una buscona.
—Va, no seas malo, ¿quieres mirarte o no?
—NºH —le llamó NºK—, mírate si quieres, pero puede que no te guste lo que veas, ¿sabes?
NºK se quedó mirando fijamente el espejo que descansaba sobre aquellos prominentes senos.

¿Os sentís coquetos hoy? Decidid si os miraríais al espejo o no dejando vuestros ocomendos.
  • O no
¡Comentando que es gerundio!

14/11/09

NºH - Capítulo 3

Impensable, pero cierto, tecer capítulo, ya tenemos la parejita:

—Está bien —aceptó NºH—, pero no te daré el parato hasta que vea a esa princesa y me asegure de que está buena.
NºY arqueó la ceja.
—Ya que puedo follar prefiero un trío —explicó NºH.
—¿Follar? —se extrañó NºY—. Eeerm… Claro, venga, sube e iremos a salvar a la princesa.
—Tu actitud dubitativa me hace sospechar…
NºY tragó saliva.
—Pero ante la duda la más tetuda, vámonos.
Montó sobre el yoshi en el espacio que le dejaban NºY y sus eminentes mamas y se perdieron al galope en la lejanía.
▼▼▼
—Ésta es la Cocodrilo Sacamuelas, el parato volador más rápido del mundo —explicó NºY aún encima de su yoshi mientras miraban por la ventana cómo se alejaba el suelo— está hecha totalmente en almibárium, si la lames sabe dulce.
—Todo eso está muy bien —reconoció NºH—, ¿pero quién cojones es el pelirrojo manco de ahí?
—Es NºK —respondió NºY—, el piloto.
—¿Y tú qué número eres? —preguntó NºK desde los mandos.
—Por lo visto NºH —respondió éste.
—Oh, ¿es H de Homosexual?
Algo estalló en el interior de NºH.

Y las opciones de esta semana son...
  • ¿Debería NºH matar a NºK?
  • ¿O simplemente torturarlo y dejarlo moribundo para así tener alguien que supiera pilotar?
Manden nh1 o nh2 a los comentos de la entrada para hacer su elección.

7/11/09

NºH - Capítulo 2

Aún ante la improbabilidad del hecho he vuelto a atentar contra las leyes de Diox y he publicado la segunda, pero no última, parte de esta de momento impredecible secuencia de microrrelatos por azar titulada nºH. Así que sin más dispónganse a leérla que se pasa rápido:

—Tiene pinta de ser caro... —examinó el protagonista aún en el ataúd—. Seguro que por aquí hay una casa de empeños que se aprovecha de los saqueadores de tumbas, a ver cuánto me dan.
Salió del ataud y caminó silbando con el parato bajo el brazo hasta la salida del cementerio. Una vez allí miró a ambos lados desde la puerta y se decantó por seguir recto.
—¡Espera! —gritó una voz a su espalda.
Él no hizo caso. Al menos hasta que un curioso bulto le adelantó y le cortó el paso, entonces sí tuvo que dedicarle una ligera atención.
—¡NºH! —le gritó la chica que iba montada sobre un yoshi rosa en cuya cabeza reposaba unos ingentes pechos que casi impedían ver al pobre animalito.
NºH la miró de arriba abajo.
—¿Os conozco a alguna de las tres? —preguntó él.
—Vaya… Te han borrado la memoria —dijo ella, triste.
—¿Has asumido eso de que no te conozco? Te das muchos aires.
—Somos compañeros, tú eres nºH, yo soy nºY y no tengo tiempo de explicarte nada más. Debes darme el parato para rescatar a la princesa.
—¡Pff! Yo no recuerdo que me borraran la memoria, ¿y si me quieres tangar? Tu historia tampoco es demasiado creíble…
—Tampoco recuerdas que no te la borraran.
—Tuché… Pero aún así no me fío de las rubias.
—Escucha, si me das el parato te haré un favor especial.
NºY guiñó pícaramente un ojo a nºH mientras él abrazaba protector el parato.

¿Qué harías tú en el lugar de nºH?
  • ¿Te empeñarías en empeñar el parato y saldrías corriendo?
  • ¿O lo entregarías ante la posibilidad de hipotéticas guarreridas espiñolas?
Elijan la opción que más les guste, rodéenla e n su monitor con rotulador permanente y no olviden comentar.

3/11/09

NºH - Capítulo 1

Damos, caballeras y animales de toda índole y condición, me he propuesto comenzar un pequeño experimento literario y con su ayuda alcanzará buen puerto. ¿Que de qué se trata dicen? Me será grato explicárselo: cada fin de semana (si Diox quiere) publicaré un capítulo de menos de 300 palabras de esta serie y al final de éste habrá dos opciones sobre qué pasará en el siguiente. Ustedes, realizando los pertinente comentarios en el capítulo, deberán decantarse por una de las dos si no fuera demasiado pedir. Pero de momento, antes de poner en práctica su poder dedocrático, acomódense en sus asientos y lean el primer capítulo de nºH:

Era una noche tranquila en el cementerio, los murciélagos cantaban, las flores se secaban ante los nichos, los cadáveres se pudrían lentamente y un ataúd esperaba junto a su tumba a que un vago enterrador decidiera por fin darle sepultura.
Lástima que su ocupante no estuviera de acuerdo. Se oían golpes provenientes del interior del traje de pino que se abrió de golpe mientras una pierna, probablemente la artífice de la soberana coz que saltó los clavos, sobresalía entre las astillas.
Al poco, como un zombi devuelto a la vida, un tipo se sentó en el interior del ataúd aún adormilado.
—¡Maldita sea! —imprecó—. ¡¿Ya no puede uno echarse una cabezadita en un hospital?! —se preguntó, mas siguió:—. ¡¿Quién soy?! ¡¿Qué hago aquí?! ¡¿Y qué demonios hago durmiendo con esto?!
Rebuscó en el interior del féretro y extrajo un indescriptible aparato metálico en cuya carcasa podía leerse lo siguiente:
PARATO DEL JUICIO FINAL
Nº serie: 66669
Mantener alejado de genios del mal

Pues eso es todo por esta semana, ahora las opciones:
  • ¿Quieres que el protagonista amnésico active el parato del juicio final?
  • ¿O prefieres que salga corriendo del cementerio para empeñarlo?
Comenten, comenten.

16/10/09

Ejercicio de lengua

Observa el siguiente fotograma y escribe un texto expositivo-argumentativo en el que incluyas los siguientes marcadores y conectores:


antes que nada - es evidente - a todo esto - por eso - y - en resumidas cuentas - por lo tanto
(La imagen no se corresponde con el ejercicio original)

Respuesta:
Antes que nada debo decir que es evidente que el enunciado de este ejercicio es impreciso. Si lo analizamos bien dice que escribamos un texto y observemos la imagen por eso se podría y se puede asumir que el texto a escribir no tiene por qué tener relación alguna con la imagen. Por lo tanto he observado la imagen, muy bonita, y he escrito el texto que he querido con los marcadores correspondientes. En resumidas cuentas: deberían ser más claros.

15/10/09

Absurdismo

¿Absurdismo? ¿Qué es el absurdismo? No es otra cosa que un sistema de pensamiento que explica que los intentos del ser humano para hallar una finalidad última e inmutable para cualquier cosa caerán irremediablemente en el fracaso.
Pongamos un ejemplo, cuando alguien ve una silla, ¿qué ve? ¿Una silla? La respuesta es: no. Ve un objeto de madera —u otro material— compuesto de una superficie plana dos superficies planas de distinta superficie puestas formando un ángulo recto y cuatro o un número indefinido de protuberancias. ¿Tiene eso una finalidad fija? No, la finalidad —que no la causa— de cualquier elemento está determinada por la actitud hacia ella. Una silla sirve para sentarse, pero sólo porque nosotros hemos decidido usarla para eso, puede servir como arma, estantería, leña… En conclusión: un elemento concreto o abstracto es sólo la reunión de otros elementos menores de manera azarosa a la que nuestra mente se esfuerza en buscar un significado lógico.
Entonces, si nada tiene significado no puede existir correlación entre sujetos. Dos sillas idénticas no poseen una correlación real, son simplemente una reunión de distintos elementos de forma muy parecida. Al igual que con los propios elementos las relaciones entre estos son impuestas por nuestra propia forma de comprender la realidad.
En definitiva el arte absurdista se basa en sacar a relucir y en cierta manera exagerar estos conceptos luego tendrá dos características principales:
  • Inutilidad: el único objetivo del arte absurdo es simple y llanamente esforzarse en que no haya ningún tipo de objetivo presente en la obra. En resumen: ninguna obra tiene un para qué —aunque posiblemente sí un por qué—.
  • Descontextualización: el arte absurdo de la misma forma que se esfuerza en no tener objetivo se esfuerza en no entrar en ningún tipo de contexto marcado y romper en sí mismo el contexto de la obra constantemente.
Y, sí, es absurdo describir una teoría que explica que nada puede describirse realmente, ¿a que mola?

14/10/09

Ignorancia

Sí, ignorancia, señores. No es el objetivo de esta reflexión hablar sobre la ignorancia en sí, sino en el hecho de que muchas personas justifican la ignorancia con el hecho de no querer conocer, la frase reoída con distintos temas que de una u otra forma reza "no lo sé, pero da igual porque no me interesa". ¿Acaso el ser un inculto es menos grave si se es voluntario? Servidor opina que no, que más que un atenuante es un agravante.
En muchos temas incluso está de moda negarse a saber algo, ¿por ejemplo?, el cristianismo. No sólo está de moda decir que a uno le da igual todo lo que tenga que ver con Jesucristo sino además decir que es una mierda, bien, señores, ¿no se incurre en una contradicción opinando y criticando un tema sobre el que se afirma no saber nada? En mi opinión saber es saber, ¿acaso por ser algo religioso no deberíamos saberlo? ¿Si en un examen te hicieran una pregunta sobre Karl Marx la dejarías en blanco por no ser comunista? Y que quede claro que no soy cristiano.
En fin, sólo me resta decir que todos estaremos de acuerdo en que es necesario aprender de nuestros errores, pero, ¿cómo pretendemos hacer eso si no los reconocemos?
Yo ya he reflexionado, ¿a que no es difícil? Ahora vosotros. =D


11/10/09

¿Nuevo diseño?

No, señores, no he cambiado la imagen del, blog, nada más lejos de la realidad. Lo que ocurre es que la forma de ver el blog depende directamente del estado mental del lector, si todos los veis distinto quiere decir que por fin está cumpliendo su objetivo de apoderarse de vuestra cordura y por lo tanto habéis alcanzado un estadio superior de locura que os permite ver el blog más munito. Felicidades y de nada.

3/10/09

El cazador

El cazador, con una armadura tan gruesa y pesada que daba la impresión de que ningún hombre podría vestirla, se recortó en la puerta del templo que él mismo había abierto de una patada con el cabello oscuro flotando e intentando confundirse con la noche mientras sostenía una larga lanza que completaba el cuadro junto con su rostro, de expresiones y arrugas profundas como precipicios que rodeaban dos ojos tan coléricos que la paradoja inmanente del universo casi hacía que uno pudiese sentirse seguro mirándolos.
¿Qué miraban aquellos ojos? ¿Qué los inundaba de aquella ira que llegaba más allá de lo puramente animal? Mi señor me perdonará por describir aquella escena. El templo consistía en una gran nave rectangular cuyo lado vertical era cuatro veces mayor que el horizontal. En uno de esos lados horizontales se hallaban las enormes puertas de madera que cerraban el recinto mientras que en el opuesto, al fondo, bajo la estatua de un dios cuyo nombre ya nadie recuerda, estaba el altar mayor y a los pies de éste el que con toda seguridad era el sacerdote ataviado con una túnica roja y tocado con un pequeño gorro redondo, muerto, con el pecho desgarrado. Y no era el único, oh señor, en el espacio que separaba aquel abierto sanctasanctórum de la puerta había montones de banquetas de madera, tal vez para llegar a albergar a un centenar de personas. Y de hecho las albergaban, todas muertas y terriblemente mutiladas al igual que su también difunto líder. La sangre de la brutal carnicería salpicaba desigualmente el suelo, las paredes, las imágenes de las paredes e incluso el techo… La mayoría de los cadáveres permanecían sentados, en la misma posición en la que segundos antes se regocijaban en el culto; otros, los menos, parecían haber hecho ademán de alzarse y correr hacia la puerta, pero era evidente que les había sido inútil. Todo había acontecido demasiado rápido.
Pero no era aquello lo que reclamaba casi toda la atención de aquellos ojos rabiosos, aquellos ojos fijos e inquebrantables. Un hombre, señor, o lo que en otro tiempo fue un hombre se alzaba de pie frente al altar, mirando inexpresivo hacia la puerta. Sus brazos estaban manchados de sangre desde la mano hasta el codo al igual que salpicaduras rojas lo cubrían a todo él apenas dejando translucir que otrora sus ropas fueron de un respetuoso negro. Su rostro estaba desencajado en una expresión de agonía y hacía bruscos movimientos como si cada pequeño gesto le costara un esfuerzo atroz; en ocasiones incluso corregía de golpe sus propios movimientos en la dirección contraria.
No obstante cuando aquella demente réplica de hombre se fijó en el cazador sus músculos, de repente antinaturalmente hinchados, se tensaron con indecible fuerza y velocidad y le dieron el impulso para lanzarse en una velocísima carrera hacia la que quizá fuera su próxima víctima.
El cazador también movió ficha; mientras la criatura, que por sus ropas algún día fue otro de los fieles, se lanzaba sobre él, tomó su lanza se colocó de perfil con un pie adelantado y extendiendo tanto el brazo con el que sujetaba la lanza que la punta se encontraba a la altura de su cara esperó escasos momentos a que su blanco entrara en el alcance de su arma. En ese momento, a pesar del peso de la barra y del indecible estorbo de la coraza, flexionó y volvió a estirar con una fuerza inaudita su brazo, su pierna y su espalda para lanzar la lanza convertida en jabalina hacia aquel ser.
Éste, atareado en su frenética carrera, no fue capaz de esquivar el proyectil que fue a clavarse en su vientre hasta la mitad. No sobra decir que en el centro aquella lanza tenía una especie de empuñadura que facilitaba lanzarla y usarla en combate lo que impidió que se clavara más en el estómago de la criatura. No obstante la increíble fuerza con del lanzamiento contrarrestó la carrera y empujó a lo que quedaba del hombre varios metros hacia atrás antes de clavarse en el suelo y dejarlo empalado en el centro del pasillo.
El ser humanoide dio un último rictus y quedó inerte con la espalda antinaturalmente doblada sobre la lanza. No obstante el cazador conocía a esos entes y sin dudarlo desenfundó una ancha espada que llevaba a la espalda tan grande que sin duda hacía juego con su armadura y esperó. Esperó, pero no demasiado, pues pronto la figura volvió a cobrar vida y, partiendo la lanza, se liberó. El segundo ombligo que le había hecho y la cuantiosa pérdida de sangre que de éste se derivaba no parecían importarle lo más mínimo. Volvió a erguirse y sin dar tregua se lanzó de nuevo contra el cazador, que en esta ocasión estaba mucho más cerca.
Se habla de juegos arcaicos en los que un hombre, usando algún tipo de palo, debía golpear una pelota lanzada por un contrario lanzándola lo más lejos posible. Sin duda podrían resultar un gran ejemplo para describir cómo el cazador se apartó del camino del ser en el último momento y, describiendo una trayectoria circular y horizontal con la espada, cercenó su cuello separando cabeza y torso que salieron despedidos en direcciones distintas. La cabeza salió hacia las gradas, rebotó en una y, aún inspirada por una fuerza inconcebible, volvió a lanzarse contra el cazador dispuesto a matarlo aunque para ello tuviera que hacerlo a mordiscos. El cazador, aprovechando la inercia del golpe anterior, lanzó un contra-golpe que dividió la cabeza en dos a la altura de la boca y la mandíbula.
El cazador, una vez recuperado el control de su espada, se giró rápidamente y se dirigió impasible hacia el cuerpo descabezado que ya estaba intentando erguirse por sí mismo y, mientras aún estaba bocabajo —en el caso de que hubiera tenido boca— y alzándose torpemente con los brazos, le clavó la hoja en la espalda atravesándole el corazón por detrás. Tanto el cuerpo como los trozos de la cabeza quedaron por fin inertes y muertos.
▼▼▼
El nutrido grupo de aldeanos, armados con lo primero que habían logrado encontrar, había llegado hasta el templo alertado por un chico que por no estar en el oficio en aquel momento había escapado de la matanza y logrado llegar al pueblo vecino. Allí encontraron el mismo espectáculo que hallara el cazador: los cuerpos desmembrados, la sangre que lo bañaba todo y, muy cerca de la puerta, un cuerpo sin cabeza, atravesado por una descomunal espada clavada en el suelo en el centro de un círculo con símbolos extraños pintados en tiza en el suelo. Y, tras él, al un hombre ataviado con una impensable coraza que llevaba media cabeza en la mano cogida del pelo.
«¡Demonio! ¡Demonio!» y «¡Matadle!» gritaban los aldeanos que se lanzaban sobre él.
Lo último que jamás le oyeron decir antes de que fuera despedazado por la muchedumbre fue:
«¡Ni él ni yo somos demonios!» «¡Era un ángel!»

26/9/09

Poesía optimista

Cuando ya no tienes norte,
cuando la vida te amarga,
cuando todo va fatal...
En el mundo hay tres palabras
que levantan la moral.
Tú tan sólo ten en cuenta
que podría ser peor.
Podrías vivir en África
o, peor aún, en Francia.
Si tú lo piensas sabrás
que podría ser peor.
Si entraras en Wikipedia
y buscaras «micropene»
no tendrías dudas de
que podría ser peor.
Si la novia te dejó
tranquilo, no hay problema,
piensa en Carmen de Mairena
y estarás de acuerdo en
que podría ser peor.
Recuerda las tres palabras
y cuando todo vaya mal
al menos de un edificio
ya no te querrás tirar
y olvidarás el suicidio
al menos durante un rato.
Así que canta, melón,
que podría ser peor.
Si es que vives en la calle,
pides para comprar vino
y hasta te han prendido fuego
podrás subir a los cielos
porque viéndote sentimos
que podría ser peor.
¿Eres pobre, feo y tonto?
¿Ya no sirves para nada?
¿Eres todo un fracasado?
¿O un imbécil redomado?
¡Todo tonterías! Porque
siempre puede ser peor.
Así que no dudes de
que podría ser peor.
Y si crees que no rima
escúchala, socabrón,
que podría ser peor.
Pero recuerda también
y ten siempre presente
que podría ser mejor.

10/8/09

Para adornar el buga

Ya que el miércoles se cumplió mi decimoséptimo ciclo solar desde que me sacaron de la placenta de una señora que por casualidad es mi madre he decidido celebrarlo a la manera hobbit y en vez de recibir regalos de vosotros, malditos ingratos, yo os he hecho uno para que lo imprimáis y lo pongáis en el coche:Y también en inglés:

3/8/09

Vuelvo en 5 minutos

Pues, sí, señores, puede que no os interese, pero me voy tres semanas al frente Marbellí a comer sano, hacer ejercicio y absorber todo el sol que pueda; de forma que durante este mes las entradas se verán reducidas. No lloréis todos a la ve y que MonEsVol os vendiga [shit].

1/8/09

Ejem...

Bueno, hasta las webs pueden estar salidas...Pero mi opinión es que si tanto cuesta una prémium tiene pasta de sobra para irse de putas. ¬¬

13/7/09

Símbolo

Éste tal vez sea el símbolo del único dios al que de verdad vale la pena adorar. No tiene nombre, es el dios de los dados, aunque algunos lo llaman azar.
Pero esta entrada no es para hablar de ese dios sino para analizar su símbolo en sí, lo veremos por elementos:
El círculo es al tiempo que un símbolo un tablero de juego. Los elipses de los extremos son donde cada jugador realiza su tirada mientras que el círculo central es donde se deposita la apuesta.
Éste círculo pequeño es homólogo del círculo mayor, lo que arguye al concepto hermético de que lo que es arriba también lo es abajo por lo que la apuesta no sólo se realiza a los ojos de los hombres sino también a los ojos del dios.
Los lazos entrelazados representan a los jugadores, unidos por el juego, que, al lanzar los dados y perpetuar el azar, se hacen uno con el símbolo mayor que representa al dios. Como puede verse el símbolo, al no tener principio ni fin, representa al dios; mientras que los lazos, limitados estando aislados, representan la mortalidad de los contendientes.
En cuanto a los laterales donde el juego no se desarrolla representan el azar en sí mismo pues nada está completo ni organizado pues siempre tiene espacio para lo inesperado.
Es un símbolo sencillo de dibujar, por lo que se puede jugar en cualquier sitio y así convocar continuamente al azar ya sea por dinero o por la propia vida. No es sagrado lo que se apuesta sino el propio acto del juego que no se puede interrumpir por nadie ajeno.

7/7/09

Ladrón

Entrada nº 100

Sí, por insólito que parezca tras un año y pico de vida hemos alcanzado la nada desdeñable cantidad de 100 entradas, ¿quién me lo hubiera dicho cuando empecé esto un junio del 2008 para tener un sitio donde colgar cosas? Queridos lectores, asiduos o no, nuevos seguidores o veteranos, daos un aplauso a vosotros mismos, o mejor me lo dais a mí y luego os ponéis, pero ya, a comentar para cumplir el último de los tres objetivos primeros de este blog:
  • Sobrevivir un año en activo.
  • Llegar a 100 entradas.
  • Tener más comentarios que entradas.

Que ahora cambiaremos a:
  • Sobrevivir dos años en activo.
  • Llegar a 200 entradas.
  • Tener más comentarios que entradas.

Hala, feliz centenario, panda de incultos.

Pedida de mano

5/7/09

El culto del deseo

—Patrulla —exclamó una voz calmada que rozaba lo inhumano un poco deformada por la radio de kima—, bloqueen las calles circundantes al perímetro, estrategia de cepo, nadie entra ni sale.
—Recibido —contestaron cuatro voces al unísono desde la radio.
Cinco figuras, cuatro de ellos vestidos con trajes negros y verdes y el quinto de negro y azul, recorrieron las oscuras calles de los suburbios de Ratztön a gran velocidad hasta encontrarse frente a la puerta de una pequeña casa. Todos llevaban la cabeza rapada y un mecanismo que les rodeaba la cabeza, ocultando sus ojos y orejas; en la parte trasera el mecanismo se les clavaba en la nuca.
—3 y 4 —exclamó el de azul a través de la radio de forma que los demás le oyeron sin emitir ningún ruido—, vosotros y yo entramos. 2 y 5, os quedáis de apoyo en la puerta.
—Recibido —respondieron los cuatro.
El puño del de azul se rodeó de una luz verde—azulada espectral, lo alzó y golpeó la puerta; que salió despedida hacia el interior.
El que parecía el lider —el de azul— y 3 y 4 entraron en la pequeña sala del interior con los puños cargados mientras 2 y 5 se quedaban a los lados de la puerta. El local estaba vacío y oscuro.
—Confirmen presencia hostil —dijo el lider.
—Negativo —replicaron 3 y 4.
—Confirmen presencia humana o similar.
—Negativo.
—Linternas —ordenó.
Encendieron luces acopladas a los trajes y todo quedó en una siniestra semioscuridad. En el suelo se podían ver al menos once cadáveres de hombres y mujeres totalmente desgarrados y destripados. Los tipos de la patrulla no se inmutaron.
—Recuento de daños —ordenó el jefe.
—Once cuerpos sin vida, un brazo que no parece pertenecer a ninguno y daños menores en el inmueble por manchas y garabatos hechos con sangre.
—Llamen al especialista y después al equipo de limpieza.

▼ ▼ ▼

Lig despertó esa mañana, sobresaltado por extraños sueños. Hacía tiempo que le atormentaban pesadillas de horribles perversiones. Se desperezó un poco y miró hacia abajo… Había eyaculado mientras dormía…
Lig hacía años (en realidad desde que nació) que desempeñaba la noble y útil profesión de mendigo. No era fácil mendigar en Ratztön, la gente siempre iba con tanta prisa que a veces ni se percataba de la presencia del vagabundo y le pisoteaba sin más. Por supuesto había lugares mucho mejores para desempeñar el oficio que la calle Talagran (donde mendigaba él en ese momento) como el mercado o la plaza del extractor. Pero por desgracia esos sitios pertenecían a vagabundos mayores y fuertes. Lig tenía 17 años pero la malnutrición le había vuelto débil y enfermizo. Habría perecido hace años si no existiesen los comedores de mendigos. En efecto eran comedores costeados por el Señor Kinral donde les servían alimentos. Especialmente carne, una carne que parecía cerdo pero con un extraño regusto cuya procedencia siempre intrigó a Lig.
Como todos los días, Lig estaba sentado, apoyado en una pared de la calle Talagran, con la mano alzada y mirada triste. La calle Talagran era de afluencia más bien media, era una de las calles laterales que atravesaban el Gran Diámetro, la calle que llegaba de un extremo a otro de la ciudad-cúpula.
Talagran no era un mal sitio para mendigar a la hora acertada. Por la mañana los transportistas de alimentos solían darle algún trozo de pan si se sentían generosos y al “atardecer” la gente que volvía de trabajos acomodados se sentía lo bastante generosa como para donarle una ínfima parte de su jornal.
Pero Lig siempre había preferido la plaza del extractor. Justo en el centro de la ciudad. Se llamaba así por ser el enorme claro circular de edificios que rodeaba al extractor de kima. El extractor era la base de la vida en Ratztön y en todas las demás ciudades-cúpula. Consistía, básicamente, en una enorme torre que se hundía decenas de pisos bajo tierra, donde extraía la preciada energía kima de las capas más bajas del suelo, donde se hallaba en gran cantidad. Luego se la hacía subir por la torre a medida que se la refinaba para acabar siendo repartidas por todas las fábricas y casas de la ciudad. El Señor del Extractor, como se llamaba al propietario del extractor de cada ciudad, era el gobernante de facto de la ciudad pues toda la civilización dependía de su maquinaria de extracción y de la protección de los Kayers, la guardia mercenaria de la ciudad especialmente entrenada.
Cuando Lig sabía que la zona de la plaza era segura iba allí a ver funcionar los enormes anillos del extractor y ver pasar a la “Guardia”, nombre que se le solía dar a los Kayers. A veces se sentaba cerca de los cuentacuentos y oía sus historias sobre el sol, las lunas y las estrellas. Lig dudaba seriamente de que el sol o las lunas existiesen, él nunca los había visto pues, como la mayoría de la gente de Ratztön, había pasado toda su vida bajo las enormes cúpulas de piedra que protegían la ciudad, iluminado por la luz espectral de las lámparas de kima que permanecían encendidas quince horas al día, para así alargar la jornada de los trabajadores en las fábricas.
Era la primera hora desde que se encendieron las luces y Lig ya se encontraba en su puesto esperando la llegada de los transportes de víveres que llegaban de las plantaciones del exterior para rogarles un poco comida. Para su desgracia recordó que era séptimo día de la semana (la semana de las ciudades cúpula tiene trece días; divididos en uno de descanso, cinco de trabajo, uno de descanso, cinco de trabajo y uno de descanso) y que esos días no había transportes matinales. De modo que decidió desplazarse a otra zona de la calle, más cerca del Gran Diámetro.
A esa hora las prostitutas y vendedores de hierba panku más osados aun pululaban por los callejones de las grandes calles ofreciendo su mercancía. Lig habría agradecido las alucinaciones provocadas por mascar el caucho de la hierba panku para sustraerse un rato del sufrimiento de las calles. Pero, lógicamente, no tenía dinero para pagarla. Una vez había probado un poco en el comedor de mendigos, apenas un trozo del tamaño de un pulgar y vio cosas horribles. Las visiones que provocaba el panku no fueron para él tan idílicas como otros decían. Tuvieron que sacarle del comedor a rastras mientras gritaba y babeaba.
Ahora andaba por la calle Talagran sin rumbo fijo mientras veía cómo se llenaba de gente que empezaba a llenar de gente atareada que salía de sus pequeños habitáculos en las viviendas—colmena para acudir a su trabajo, posiblemente en las grandes fábricas. Caminaba por la acera para evitar el paso de los ocasionales vehículos cuando, sin quererlo, una chica se tropezó con él.
Apenas se rozaron el hombro, la chica no pareció inmutarse pero Lig se quedó plantado en el sitio mientras ella se alejaba como si nada. Se quedó quieto en mitad de la acera con una mirada aterrorizada y temblando un poco. No se había percatado del golpe, apenas lo había sentido, fue que, en el momento de cruzarse, una dulce voz había resonado en el interior de su cabeza pronunciando: “sígueme”.
Lig permaneció inmóvil en mitad de la calle apenas cinco minutos, después se dio la vuelta y se lanzó a la carrera para encontrar a aquella chica.

▼ ▼ ▼

Lig corrió durante horas por las calles buscando a la chica. No le importaba comer, beber o dormir sólo le importaba encontrarla. Miraba en cada callejón, en cada puerta, a veces notaba cómo unos suaves dedos de seda le conducían y una sutilísima voz susurraba a su oído la dirección correcta.
La hora del toque de queda se acercaba y la luz de las lámparas se hacía cada vez más tenue imitando burdamente al atardecer. Lig ni siquiera notaba que cada vez veía peor, sólo pensaba en la chica, la chica lo era todo.
Y para su propia desgracia la encontró. Llegó a una calle secundaria muy poco transitada, nunca había estado allí, quedaba muy lejos de sus lugares habituales. Aquellos dedos de su mente seguían guiándolo, poco a poco hacia una puerta. Era una puerta común de metal, una más entre muchas, pero ésta le atraía como un imán, sabía que ella estaba dentro.
Lentamente, casi como un pobre infeliz acercándose a un altar confiando en lo desconocido para paliar su sufrimiento, se acerco a aquella puerta. No hubo de hacer nada, cuando se halló a escasos veinte centímetros de la puerta alzando el puño una mirilla se abrió y por ella asomaron dos ojos que le miraron con desaprobación.
—¿Quién eres, muchacho? —preguntó a través de la puerta una voz que pudiera haber pertenecido a aquellos ojos, que se clavaban en la cabeza de Lig atravesando los suyos y quemando como ascuas.
—No lo sé —respondió Lig sin saber por qué.
¬—Acércate, hijo.
Lig se inclinó un poco reacio hasta que estuvieron frente a frente aun con la puerta entre ellos. Y cuando sus ojos se clavaron en aquellos del otro lado de la puerta pudo sentir cómo su cabeza ardía y creyó sentir que el cerebro le hervía dentro del cráneo hasta estallar.
Cuando apenas podría haber aguantado un par de segundos más sin echarse a gritar el dolor ceso y la voz de aquellos ojos volvió a hablarle.
—Tienes la mirada del desesperado. Ahora eres suyo. Pasa.
La puerta se abrió, tras ella no había nadie.
Lig entró en el pequeño vestíbulo y oyó gritos al otro lado de la puerta del fondo. Se acercó y pegó la oreja a la puerta. En efecto eran gritos; pero Lig no supo distinguir si de placer, dolor o pánico; ni siquiera si eran humanos o alguna vez lo habían sido. Toda una algarabía de sonidos se alzaba al otro lado de aquella segunda puerta formando una macabra y anárquica orquesta.
Entonces la puerta se abrió hacia dentro y Lig casi cayó al suelo pero fue detenido por algo… Un cuerpo… Había caído sobre ella y se sostenía sobre su hombro, olía su perfume, sentía su tacto cálido y suave y mil pensamientos oscuros atravesaron su mente.
—Hola, Lig —dijo ella con una voz tranquila y suave como el terciopelo.
—¿Cómo sabes…
—Lo dicen tus ojos, todo está en tus ojos. Ven, verás el más maravilloso de los espectáculos.
Ella se retiró de la puerta y Lig, entre extrañas nieblas y la luz rojiza de una lámpara, pudo distinguir decenas de cuerpos revolcándose por el suelo, lleno de marcas de sangre. Ahora sabía que aquellos gritos eran extremos gemidos de placer.
Ella se colocó tras él, le rodeó la cintura con los brazos y empezó a susurrarle al oído.
—Observa, amor, el espectáculo de la depravación del ser humano. Sois tan asquerosos, tan sabrosos…
El tono de estas palabras hicieron que Lig deseara unirse a aquella enorme orgía, espasmos de placer le recorrían sin razón aparente.
—Aún no, amor, antes mira, observa —susurro ella mientras lamía su oído.
Lig ya no podía apartar la mirada de aquella gran bestia de carne desnuda que no paraba de moverse, integrando todos los cuerpos en uno solo, haciendo que se movieran para disfrutar. Había hombres, mujeres, ancianos y niños; todos imbuidos de una aterradora y antinatural ansia de placer. Lig los observaba pidiendo que aquello que oía entre el gran crisol de gritos no fueran llantos de bebé o ladridos de perro.
El extraño vaho que rodeaba la habitación empezaba a filtrarse por su nariz y su boca, no podía evitar respirarlo. Su olor era dulce, pero notaba como lo asfixiaba; llenaba sus ojos y hacía que le lloraran y se notaba cada vez más y más pesado.
Al final sentía como su consciencia decidía abandonarle. Cayó de los brazos de ella y se desplomó. Pero, para cuando su cuerpo hubo golpeado el suelo, ya se hallaba en un mundo de extraños sueños.

▼ ▼ ▼

Lig se sacó a rastras a si mismo de aquel mundo de sueños y despertó tirado en mitad de la habitación.
Miró a su alrededor… Había sangre, cuerpos y trozos de cuerpos. Un solo pensamiento rondaba su mente en ese momento: “tengo que largarme de aquí”.
Intentó ponerse de pie pero era imposible, sus miembros apenas le respondían no podía apenas mover un dedo sin un colosal esfuerzo. Tal vez la desesperación, tal vez una desconocida fuerza de voluntad ayudaron a Lig a conseguir clavar una rodilla en el suelo y mover los brazos para extenderlos con las palmas sobre el suelo.
Pero no pudo más, la energía se le acabó y quedó en esa posición por un tiempo que fue incapaz de medir hasta que se halló de nuevo con fuerzas para hacer otro de los movimientos que habrían de ayudarle a erguirse. Con esfuerzo consiguió clavar la otra rodilla en el suelo y alzarse un poco con lo que quedó a cuatro patas.
Pero sus brazos flaquearon en esa posición y volvió a caer se hizo daño en la barbilla y el pecho al caer y perdió la respiración unos momentos. Pero no se rindió y sacando fuerzas de donde pudo consiguió ponerse de lado y se impulsó con la poca fuerza de sus tríceps para quedar sentado en una precaria postura.
De esta forma se arrastró torpemente hasta una pared ensuciándose con la sangre y las vísceras desparramadas por el suelo. El muro le sirvió de apoyo para volver poco a poco a la verticalidad. Se puso de rodillas despacio con el hombro y las manos contra la pared y, apretándose contra ella, pudo erguirse hasta conseguir permanecer de pie aun con el temblor que había invadido sus piernas.
Una vez en esa posición se cuestionó acerca de cómo iba a lograr dirigir sus inestables piernas lo suficiente como para salir de aquel maldito sitio sus meditaciones se vieron interrumpidas por la solución. Por desgracia ésta era la última que hubiera deseado Lig.
En un momento la puerta salió disparada hacia dentro de la habitación y la luz del exterior se filtró en la habitación hiriéndole los ojos. Intentó cubrírselos con el brazo pero éste no quiso responder a sus órdenes y permaneció fláccido por lo que sus ojos permanecieron destapados para que pudiera ver cómo tres kayers entraban en el sitio portando fuertes linternas. Se acercaron hasta él, lo sujetaron y empezaron a hacerle preguntas. Lig volvía a sentir como el mundo daba vueltas a su alrededor y no pudo entender lo que le decían y mucho menos responder.
Vivió como en un sueño febril cómo le transportaban por las calles hacia un gran edificio que Lig no pudo reconocer como un cuartel de los Kayers. Sintió los golpes lejanos cuando le lanzaron dentro de una celda blanca cuyas paredes reflectaban la fuerte luz de una lámpara y después cerraban las puertas a su espalda. Se quedó tirado en la camilla y durmió profundamente.

▼ ▼ ▼

Soñó con la chica, la chica, la chica y siempre la chica. Soñó con ojos profundos que le miraban, que le escrutinaban todo lo que era hasta lo más profundo de su ser. Soñó que le despedazaban, le rehacían y le volvían a despedazar una y mil veces. Soñó, soñó y sólo soñó hasta que, más allá del sueño volvió a oír la voz.
Esta vez la voz le rogaba que despertara, que se levantara y caminara. Poco a poco aquel sonido fue disolviendo las sombras que lo rodeaban. El sueño se dispersó deslizándose como un líquido viscoso hasta que no quedó nada y Lig despertó, más lúcido de lo que jamás hubiera estado.
La voz seguía resonando en su cabeza, justo por detrás de sus ojos, como el palpitar de un segundo corazón; y susurraba a sus oídos el camino a seguir.
Lig miró al frente y vio que por algún motivo la puerta de la celda estaba abierta, no dudó ni por un instante de que fuera cosa de la chica. Se alzó de la camilla con la agilidad de un gato y se escabulló entre los pasillos en un silencio que parecía absorber cualquier otro sonido. Los pasillos eran de una blancura idéntica como idénticos eran entre ellos, sin embargo la voz le hablaba sin palabras señalándole el camino correcto.
La voz apagó en la mente de Lig la noción del tiempo y el espacio por lo que no pudo saber cuánta distancia ni por cuánto tiempo caminó en aquel intrincado laberinto que, por otro lado, quizá no era un laberinto y eran simples ilusiones de la voz. En cualquier caso cuando encontró la puerta ya era de noche. Ni por un momento se sorprendió Lig de no hallar a nadie por los pasillos de la misma forma que tampoco lo hizo cuando vagó por las calles desiertas en pos de una chica que cada vez oía más nítida en lo más hondo de su ser.
Siguió por las calles vacías de Ratztön hasta que, por fin, la encontró. Supo que estaba ahí mucho antes de verla o siquiera de acercarse al sitio donde estaba. Lo supo porque su voz se oía ya clara como un manantial y más dulce que una caricia. Se dejó lleva hasta un estrecho callejón y la tuvo delante.
Le esperaba desnuda, en el centro del callejón. Sus manos descansaban unidas a su espalda para resaltar su busto esculpido como el de una diosa griega levemente velado por el largo cabello que caía sobre él. Sus suaves curvas se ensanchaban y acortaban enmarcando su precioso cuerpo desde su rostro de ángel hasta sus piernas que parecían hacerse infinitas pasando por el blanquecino triángulo de su pubis.
Lig no pudo resistirse a la visión y se lanzó sobre ella sin que ninguno de los dos llegara a mediar palabra. Se besaron y acariciaron para luego entregarse a la pasión una y otra vez por un segundo y toda la eternidad en el suelo de aquel callejón.
Mas cuando el tiempo, impiadoso retornó a aquel lugar para encontrarlos tirados, desnudos y empapados en sudor y líquidos reproductivos y fue único testigo de lo que a continuación aconteció.
La chica se volvió a Lig, tomó su cabeza entre las manos y le miró a los ojos. Él hizo ademán de acercarse creyendo que le deparaba otro beso pero ella le detuvo. Continuó mirándole los ojos un rato más y por fin susurró:
—Siempre estuvo todo en tus ojos.
Entonces, su lengua salió de su boca con una longitud inhumana y con un extremo tan afilado que pudo usarlo para arrancarle los dos ojos a Lig y devorarlos en cuestión de segundos. Éste se retorció durante largos minutos en el suelo agarrándose los ojos y gritando hasta que por fin se desangró totalmente y dejó de moverse. La chica había desaparecido.

▼ ▼ ▼

Días más tarde dos funcionarios de la ciudad encontraron el cuerpo de un vagabundo tirado en un callejón, le habían sacado los ojos. Lo achacaron a una de las muchas peleas que se producían entre los mendigos por dinero o comida y lo echaron al carro con los demás cadáveres para llevarlos, al atardecer a un discreto edificio en una de las cúpulas adyacentes.
Allí dejaron a Lig junto con otras decenas de cuerpos hallados en las calles en una enorme máquina repleta de cuchillas. Estaba a punto de descubrir en primera persona de dónde provenía la carne de los comedores de caridad.

3/7/09

Yonqui de su voz

Ayer no comí, no bebí, no dormí, no viví pensando sin cesar en el adiós que nunca me dedicó. ¿Qué son los puñales fríos como centenares de inviernos y afilados como mil cuchillas comparados con las palabras que desgarraron mi corazón y destruyeron mi alma? ¡Nada! ¡Nada! ¿Por qué, cruel destino, me regalaste sus ojos y me dejaste dibujar sonrisas sin número en sus labios si antes de que el sol cayera me la volviste a arrancar llevándote con ella mi aliento? Oh sádico y malicioso hado, yo te maldigo por tus burlas. ¿Por qué te ensañas conmigo? ¿De verdad nací bajo tan aciaga estrella como para ser un enamorado del amor que lo persigue y persigue sin descanso para hallar como premio sólo reflejos y sombras de reflejos? Ahora soy yonqui de su voz, sólo sus palabras pueden ya llenar la carcasa vacía que otrora fue un cuerpo, mi cuerpo. No quiero que me la retornes, no quiero nada de ti, no te pido nada, excepto, tal vez, la paz...

2/7/09

Corre

Corre, animalillo, corre
no, nunca debes parar
si es que quieres de esa bestia
poder algún día escapar.
Corre, animalillo, corre
refugio en la oscuridad
buscas, mas debes saber
que aun así te encontrará.
No sirve la madriguera
pues él sabe excavar;
de nada sirven los árboles
pues él sabe escalar.
Así que corre, alimaña,
corre si quieres salvar
tu corazón y tu carne
de la boca de ese animal.
Corre, animalillo, corre
no, nunca debes parar
si es que quieres de esa bestia
poder algún día escapar.

27/6/09

¿Buscas compañía?

Si, compadres, como me aburro he hecho dos monifateos en dos días como gran Khazike que soy, no tenéis que darme las gracias, sólo hago mi trabajo.

26/6/09

Kha(llejero) viajero

¿Kha en Roma? No puede ser, ¿verdad? Pues sí, para desgracia de los italianos he estado en Roma de viaje de estudios. Y he sacado un par de fotos:

Es un Blockbuster. OO

Dicen que Roma también es la ciudad del amor y mirad qué almuerzo romántico.

Uy, se me fue el dedo.

Ésta la saqué al lado de unos edificios muy bonitos de los que creo que no saqué fotos.

Si no hubiera tenido matrícula italiana hubiera pensado que mi madre había venido a buscarme...

Confirmado, los italianos son miopes.
Y esto es todo, si queríais fotos de monumentos haberos comprado una postal.

25/6/09

Reforma educativa en Mongolia

Y estrenamos nuevo año con nuevo vídeo, éste el primero de la futura gran productora Monifate Vídeos que organizaré con el colega Frikiman. Es más o menos como la Versión Original Subtitulada que ponían en Noche Hache sobre una irreal reforma educativa en tierras mongolas. A verlo, piltrafas.

5/6/09

Un añito ya

Seh, Paranoias Khazikiles con sus altos y sus bajos ya lleva un año en la web con la increíble cantidad de 4 (:O) seguidores y más entradas que comentarios, pero intentaremos dar a conocer la gloria Khazikil muchos año más. Nada más que anunciaros, pueblo mío, aparte de que aunque en la entrada pone 5/6/09 la saqué el 25/6/09, pero es por guardar las apariencias. Hala, a mamarla un año más.

30/5/09

Yo quiero uno D:

Sí, quiero un cuervo, ¿qué pasa? Vale que la gente dice que son pájaros de mal agüero, pero a no ser que seas un ratón un cuervo no va a matarte, como mucho esperará a que te mate otro y entonces se comerá tu cadáver e incluso atraerá a otro carnívoro para que te abra y sea más sencillo devorar tus tripas.
Bueno, pero al margen de esto los cuervos son unos bichos mu' listos; estudios demuestran que quizá sean la más lista de las aves y que en algunos aspectos sean mejores que nuestros parientes primates como demuestra este vídeo:

Son capaces de fabricar herramientas, imitan palabras que oyen mucho (son más sencillos de entrenar que los loros) y si los crías desde pequeños no se van de casa.
El problema es que no son aves comerciales por lo que la única forma de conseguir uno es en unas pocas tiendas o cazando un polluelo en algún vertedero. Tampoco creo tener problemas porque sea un animal en extinción, en algunos países son considerados como plaga porque arrasan con los cultivos.
De todas formas, ¿no molaría ir por ahí con un cuervo posado en el hombro?

Normas de evacuación en caso de incendio

29/5/09

Danza...

¡Peligro! ¡Peligro! ¡No leer si no se está oyendo esta canción!
Vamos, ven, baila conmigo.
Acompáñame en esta danza
y, por nuestro fin, bailemos
como si no existiera mañana
y que hoy este fuego sea
la hoguera en la que ardan
juntos demonios y dioses
como si no existiera mañana.
Mientras toca un ciego
una flauta de caña
por sus hijos mutilados
deja que las notas se hagan
dueñas de todo tu ser
y que la flauta sea ama
mientras que conmigo danzas
en un círculo de caras
de mil reyes y mendigos.
Esta noche, dos ríos manan
de los ojos de la luna
que por fin llora sin ganas
la caída estirpe del sol.
Como si no existiera mañana.
No, nunca fuimos como ellos.
En una luz que brillaba
más que un millón de estrellas
y que a todos deslumbraba
fuimos reyes de susurros
pero ya lobos y cabras
encuentran el su descanso
ahora ya no hay manadas
ni lugar para pastores.
Así que esta última danza
debes bailarla, mi amigo.
No importa que tu alma
al fin te haya abandonado
ni que aquel cuerpo que usabas
sea pasto de gusanos.
Aunque de ti sólo se halla
una oscura máscara por
ilusiones sujetada
amigo mío, ven, danza
en la noche aterrada
sabedora de que cuando
se retire a la su cama
el sol ya no volverá
ni nunca habrá otro mañana.
De modo que, amigo mío,
aquí una última vez danza,
¡danza ahora por nuestro fin!

19/4/09

Krónikas dun Khazike XII: Trío

—¿Te conté ya lo que me pasó en aquel desierto? —preguntó Geekman sosteniendo su vaso de tang número noventa.
—Sí, tres veces y no pienso dejar que me lo cuentes cuatro —le respondió Zora.
—Me dejaron abandona…
—¡He dicho que no!
—…do a mi suerte cuand…
Zora empezó a zarandearle.
—¡Cállate, hijo de perra!
En eso estaban cuando se oyó el sonido de las puertas al ser cruzadas.
—¡Bienvenido! —dijo Zora sonriendo al recién llegado cliente que se sentó junto a Geekman.
—Sabes, ¿Zora? —le dijo Geekman.
—¡Que no!
—No es eso, ya no voy a volver a contar mi historia.
—No caerá esa breva.
—Sí, sí caerá —Geekman miró a su lado—. Porque Muchauve ya la sabe.
Muchauve, sentado a su lado pidió un tang que le fue rápidamente servido y echó un trago.
—He venido a darte matarile —dijo a Geekman.
—Sabes que te lo pienso poner difícil, ¿no? Le he cogido gusto a esto de estar vivo, no porque sea mejor, es que no conozco otra cosa.
—Estás de suerte, te voy a dar la oportunidad de conocer la otra vida.
Muchauve se giró rápidamente empuñando una corta gladius que Geekman paró con Armaazul.
—¿Crees que ese boli te salvará esta vez?
—Sí, ¿por qué no iba a hacerlo?
—No sé, es lo que se suele decir.
Muchauve se levantó rápidamente, cogió el taburete y se lo lanzó a la cabeza a Geekman con encomiable puntería.
—¡Come taburete Dhal!
Geekman, cabreado, arrancó parte de la barra y se la lanzó al estómago a Muchauve.
—Cómete tú mi postre —le gritó.
Zora limpiaba tranquilamente los vasos.
Muchauve dio una zancada, tomó a Geekman del cuello y le lanzó a través de la pared con lo que cayó a la calle. Unos segundos después Geekman volvía a entrar al bar a través de la puerta.
—¡Hostia, un bar! —exclamó—. ¿Tenéis tang?
Si alguien respondió no tuvo tiempo de escucharlo pues tuvo que agacharse antes de que una mesa lanzada como un frisbi le abriera la cabeza.
Zora seguía limpiando tranquilamente los vasos sin mirar cómo se lanzaban mutuamente el mobiliario, destrozaban las paredes y le llenaban el suelo de sangre.
Geekman extrajo sus uzis de algún pliege de grasa y empezó a lanzar una ráfaga contra Muchauve el cual corrió a su alrededor como una liebre a la que le han metido pimienta por el culo.
—¡Eh! —gritó el consejero—. ¡Dijimos que no valían armas de fuego ni tirones del pelo!
—¡¿Cuándo pusimos esa norma?! —preguntó su contrincante sin dejar de disparar.
—¡Nunca, pero a lo mejor colaba!
Zora dejó muy tranquilamente de limpiar el vaso dejándolo sobre lo que quedaba de barra, sin perder la sonrisa metió las manos bajo el mostrador, tanteó hasta hallar un conocido tacto metálico y, siguiendo en calma, extrajo una AK-47 y gritó.
—¡Hijos de puta! ¡Id a cargaros el bar de otra!
Empezó a disparar lo que hizo que los otros dos tumbaran una mesa y se escondieran detrás de ella.
—¡¿Qué le pasa a ésa?! —preguntó Muchauve.
—Histeria femenina —diagnosticó Geekman—. Necesita un hombre.
Una bala rozó la oreja de Muchauve.
—Conmigo que no cuente —decidió.
—Ni conmigo… —secundó Geekman.
Entonces los dos se miraron.
—¿Nosotros no intentábamos matarnos mutuamente?
—Creo que sí…
—¡Fuera de mi mesa! —instó Geekman pateando a Muchauve, que tuvo que buscar refugio en el punto muerto de la escalera.
Geekman se asomó por encima de la mesa y empezó a disparar sus uzis contra Zora en un tiroteo.
Y en eso estaban cuando apareción Clint Eastwood acompañado de Billy el niño por la puerta.
—¡Eh, bastardos! —les gritó Clint—. Nosotros os enseñaremos lo que es un tiroteo de ve…
Y eso fue todo lo que llegó a decir antes de que le cayera un trozo de techo sobre la cabeza.
Billy, asustado, saltó del carrito en el que le habían traído, se quitó el chupete de la boca y desenfundó; mas, por desgracia, antes de poder disparar la culata de una AK-47 le sacó los dos únicos dientes que ya poseía.
Zora sonrió con satisfacción el tiempo justo de darse la vuelta y ver en cada ojo la boca del cañón de sendas uzis empuñadas por Geekman. Gracias a un rápido reflejo consiguió encañonar ella también a aquél antes de que la cosa pasara a mayores.
—Muévete dos centímetros y te dejo sin bazo —le dijo Zora.
—Yo no tengo de eso.
—Verás cómo yo te lo encuentro.
—¿No sientes como un frío en el cuello de pronto?
Ambos miraron en la misma dirección y pudieron ver a Muchauve sosteniendo una gladius en cada mano cuyos extremos afilados reposaban cómodamente en sus cuellos.
—¿Y tú pa qué vienes? —le preguntó Geekman.
—No sé —respondió Muchauve—. Me sentía desplazado.
Geekman decidió repartir equitativamente el encañonamiento de sus uzis y Zora, viéndose superada, pasó a las medidas drásticas.
—Tía —dijo Muchauve con voz de pito—, esa zona es delicada.
—Dejará de ser una zona si te mueves —le aconsejó Zora.
Y la cosa quedó en un curioso triángulo vicioso en el que cualquier movimiento podía terminar con desde una bala en el bazo a otra en la cabeza pasando por castración y degollamiento; lo normal.
—¿Y ahora qué hacemos? —inquirió Muchauve.
Los otros dos sonrieron maquiavélicamente… Unos segundos antes de acribillarle.
—¡¿Por qué?! —gritó Muchauve desplomándose.
—Porque eres el malo —explicó Geekman al caído Muchauve—, imbécil.
Geekman se dio la vuelta para mirar a Zora.
—Bueno ahora ya podemos hacer las…
No pudo acabar pues algo largo y gordo le golpeó en toda la cabeza haciéndole perder el conocimiento.
Continuará y eso ( o Y o )

12/4/09

Motivators

En aras de un gran aburrimiento he decidido subir algunos motivators surgidos de sus respectivas idas de olla para disfrute de vosotros, mis todavía pocos lectores. Hale, hale.

11/4/09

Krónikas dun Khazike XI: Villartuga

¡Zasca! ¡Hemos vuelto como todos los fines de semana! Esperemos que sigamos llegando los fines de semana porque como empecemos a pasarnos al lunes acabaremos viniendo un fin de semana sí y otro no y esto se volverá un cachondeo. En cualquier caso aquí traemos el capítulo once, 11, XI, 十一 o como os apetezca, la cuestión es que vamos a empezar de una vez antes de que me vuelva loco loco loco.
—Parece un sitio encantador, ¿no crees, Alf? —inquirió Geekman.
Alf miró al frente.
—Pos oye, no sé qué decirte…
Estaban a la entrada de un pueblucho de 4 calles en las que había gente hostiándose y matándose a tiros. Los únicos edificios que sobresalían eran la iglesia y una gran mansión en un punto alejado.
—Parece… Pintoresco —concluyó Alf.
—¡Mira! —anunció Geekman—. ¡Ahí hay un cartel!
Se acercó a él y leyó:
—Villartuga, el pueblo más tortuguesco a este lado del río de la mierda… Seh, pintoresco. Bueeeno, menos charla y más andar, estoy seco.
—¿Cómo? ¿Y qué pasa con…? —empezó Alf.
—¿Con Kha y su caravana?
—Sí, ¿pero cómo sabías…?
—¿Lo que ibas a decir?
—¡Sí!
—Me leo el guión, tú también deberías hacerlo.
—Sí, bueno, pero, ¿qué pasa con ellos?
—Sabrán buscarse la vida. No has visto a la caravana cabreada.
—Pero es…
—Un coche, lo sé, pero no la has visto cabreada. ¡Ahora en marcha!
Echaron a andar al interior del pueblo de Villartuga por las calles mal asfaltadas hasta llegar frente a la única tasca en cuyo cartel rezaba “Tenemos tang de tortuga”. Geekman no necesitó más.
—Alf —le dijo aún mirando el cartel.
—Mande.
—Quédate fuera y vigila por si ves a Khazike, yo entraré y… Esto… Reuniré información, sí, eso mismo.
—Vale.
—¿Cómo que vale? ¿No vas a discutirme?
—Vale, pues no me quedo.
—Te veo raro.
Alf se tapó la cara.
—Ahora no me ves.
Geekman puso los ojos en blanco, le apartó las manos y le arreó una fostia.
—¡Despierta!
Alf puso cara de circunstancias, movió la cabeza y se disculpó:
—Perdona, no sé qué me había pasado.
—Bien, ahora quédate aquí vigilando.
Geekman se dirigió al interior y separó con las manos una de esas portezuelas tan graciosas de los saloon del oeste que vuelven a cerrarse al soltarlas, pero se paró antes de entrar.
—Ah y, Alf, procura estar aquí cuando salga o puedes estar seguro de que una muerte terriblemente atroz, lenta y dolorosa será una perspectiva agradable. Lo que te pasará sólo podría ser peor si me tocases el pelo.
—Erm… Va…
Pero Geekman ya había entrado.
El local estaba vacío, o casi. Sólo había unas cuantas mesas desiertas, unas escaleras que llevaban al piso superior y la correspondiente barra con unos taburetes desempleados que parecían mirar deprimidos a la chica vestida de camarera que limpiaba un vaso detrás de la barra.
Geekman avanzó decidido a aliviar a uno de los desgraciados taburetes con sus prominentes posaderas lo que pronto hizo amablemente. El taburete, como agradecimiento, chirrió.
—¿Te pongo algo, encanto? —preguntó la camarera sin dejar de limpiar el vaso, actividad obligada del gremio.
—Antes de llamarme encanto —empezó Geekman— deberías decirme tu nombre.
La camarera sonrió dulcemente.
—Me llamo Zora, pero no esperes ligar conmigo.
—El código superheroico me prohíbe ligar con ninguna chica que no sea a la que siempre le pasa algo jodido como que la tiren de un rascacielos.
Zora rió.
—Eres un tío gracioso. Pide lo que sea, invita la casa.
—Tang.
—Marchando un vaso de tang.
—No.
—¿No?
—Quiero todo el que tengas.

▼▼▼


—Así que se te ha escapado… —dijo tranquilamente el predicador sevillano introduciendo otra patata en la enajenada boca de Trucha.
Muchauve, en posición de firmes entre el subtrono donde estaba Trucha y los otros tres consejeros encapuchados a su espalda respondió.
—Sí, señor.
—Al señor Trucha no le agrada eso. No le agrada que no hayas podido destruir un simple bosque y que, aunque no formara parte de tu misión, hayas dejado escapar a la banda del peor enemigo del reino.
—S-Sí, señor.
—Y en lugar de darte una muerte rápida te plantas ante mí como si tal cosa.
—Dicho así he hecho el tonto, señor.
—En efecto, lo has hecho —dio otra patata a Trucha—, pero estoy dispuesto a perdonar tus faltas ya que andamos escasos de personal. Nuestros informes de inteligencia informan de que la caravana de ese renegado se ha detenido en Villartu…
—¡Violación!
—Ejem, Villartuga, así que deberéis ir allí, los cuatro y matarlos a todos. Tú, Habi, te ocuparás de todo.
En ese momento otro consejero se adelantó.
—Disculpe, señor.
El predicador puso los ojos en blanco.
—Dígame, Mr. Hache.
—No, no, es Mr. H, la H es muda.
—Lo que sea.
—¿Puedo quedarme aquí en lugar de ir con los demás a Villartuga?
—En base a…
—A que es el funeral de mi abuela.
—¿La séptima?
—Sí, señor.
—Denegado.
—Entooonces… Para asegurar la protección del rey.
—Nadie puede pasar por aquí sin que yo o el Gran Consejero Muchaele le demos su merecido.
—Entooonces… Porque si voy no respiro.
Mr. H cogió aire e hinchó los mofletes.
—Eres un consejero, no necesitas respirar —le señaló el predicador llevándose la mano a la cabeza—. Pero como sé que no me dejarás hasta que lo consigas de acuerdo, quédate. Los demás a lo vuestro.
Todos los consejeros hicieron una reverencia y salieron de la sala.
El predicador cogió una patata, tapó un agujero de la nariz de Trucha y la puso en el otro para que la esnifara.
—Hay que acelerar las cosas.

▼▼▼


Entredichotanto en Villartuga una figura subió los escalones de la destartalada iglesia y entró en el interior que, debido a la falta de muchas tejas, poseía iluminación natural.
En el interior del confesionario el cura se estaba cortando las uñas de los pies. Una salió disparada y atravesó la madera del habitáculo.
—Sí, señor —se decía—, este año ya tocaba.
Sin embargo hubo de detener su aseo por una voz desde el otro lado de la celosía.
—Ave, McSalad purísima.
—Sin cebolla concebida. Cuéntame, hijo.
—Padre… He hecho daño a mi prójima.
Ta la próxima ( o Y o )

9/4/09

Ejercicio de descripción

Si se veía desde fuera y cerrado su apariencia era la de un disco macizo de madera oscura con elegantes vetas que recorrían su superficie de cuatro centímetros de grosor y de casi un palmo de diámetro, lo que hacía difícil sostenerlo sobre la palma de la mano. Lo único que rompía la uniformidad del conjunto era un pequeño cierre dorado que, al apretarse, hacía que la madera se dividiera revelando su interior.
Se abría con una pequeña bisagra interna. Ambas caras internas estaban rodeadas por un borde de pintura dorada. La superior estaba recorrida por una espiral de caracteres con la apariencia de pequeñas hormigas ininteligibles que, al ser también doradas, reflejaban la luz de una forma extraña.
Pero, sin duda, lo más inquietante de aquel mecanismo era su cara inferior, aunque también podría tratarse de la superior dependiendo del punto de vista. En cualquier caso, en esa cara reposaban las tres esferas de lo que aparentaba ser un reloj, aunque tal vez fuera sólo una dividida en tres partes con la forma de tres círculos que se unen al aplicar un compás a los vértices de un triángulo. Todas eran blancas, pero poseían distintos símbolos y un número dispar de agujas aunque todas compartían el símbolo de una estrella de tres puntas en el centro de la triple esfera donde las tres partes se unían.
La superior quizá fuera la más similar a un reloj convencional ya que poseía dos agujas de distinta longitud que se movían al regular ritmo de sus propias horas y minutos, no obstante no estaba numerada del uno al doce, ni siquiera tenía doce números, sino once escritos con numeración romana y con esta secuencia: I, II, III, V, VIII, XIII, XXI, XXVI, LXXXIX y CXLIV. Dentro de esa misma esfera había otra más pequeña cuyo diámetro iba desde el centro de la primera hasta el borde, dando a ésta una apariencia de media luna. Esta esfera "hija" estaba señalada por una línea roja y, aparte de los que usaba la mayor, no albergaba ningún símbolo, además sólo poseía una aguja que permanecía inmóvil y que muchos de los distintos propietarios ninguna o rara vez habían visto moverse.
La esfera inferior izquierda estaba falta de cualquier tipo de anotación y su única aguja no era recta sino que seguía un incomprensible patrón hasta el borde de la vacío de la esfera que sólo era superado por la ilógica de su movimiento que no tenía intervalos fijos e igual avanzaba hacia un lado que hacia otro, tal vez por una pauta tan larga que resultaba inconcebible o por el simple capricho de los hados.
Y la última, de abajo a la derecha, era, si cabía, tanto o más extraño que sus vecinas. Ésta poseía tres agujas de distinta longitud y cada una correspondía a uno de los tres círculos de símbolos concéntricos cuya cercanía al centro era inversamente proporcional a la complejidad y número de los símbolos que, de dentro a fuera, eran siete, once y trece. Ninguna de las tres agujas parecía moverse en la misma dirección ni velocidad sino que cada una dependía de la posición de las otras dos igual que éstas dependían de la suya.
Me resulta imposible saber qué artifice, esperemos que demasiado demente y no demasiado sabio, dio lugar a este mecanismo que no es capaz de ser destruido por medios humanos pues su historia se vuelve borrosa hace unos doscientos años cuando fue expropiado de la biblioteca de un noble durante una revuelta campesina; a partir de ese momento pasó por ocho manos por distintos medios y recorrió cuatro continentes. A día de hoy su paradero se me escapa.

4/4/09

Krónikas dun Khazike X: máscara

Jo, diez ya… ¿Qué? Pensabais que iba a decir algo más? Pues vamos apaña’os…
—A ver —dijo Geekman—. ¿Qué ves aquí?
Khazike miró atentamente la tarjeta que Geekman sostenía en la mano.
—Un coño —dijo al fin.
—Sí, ¿y aquí?
—Dos tetas.
—Genial, ¿y aquí?
—Mmm… ¿Un tucán?
—¡No, hombre, es una urraca!
—Pues, joder, qué mal dibujas.
Geekman se puso de pie en el asiento de la caravana y golpeó la mesa con los puños.
—¡¿Qué has dicho?!
—¡Que dibujas de pena!
—Ah, gracias —respondió sentándose—, últimamente ando mal de oído. ¿No vamos más lentos?
—Tienes razón —concedió Khazike levantándose del asiento, cogiendo un látigo y asomándose por la ventana —. ¡Más rápido haraganes! —gritó hacia fuera acompañando la sugerencia de un par de latigazos.
Fuera todos los pingüinos tiraban de la caravana, así como Alf y el pequeño Rotulador sobre el árido paisaje del desierto.
—¡¿Por qué sólo me das latigazos a mí?! —gritó Alf.
—¡Calla! —dijo Khazike propinándole más latigazos—. ¡Si me hubieses impedido gastarme el dinero de la gasolina en este látigo no estarías así! ¡Y a los demás os advierto que tengo otro de nueve colas!
La velocidad aumentó considerablemente.
—Why?! —gritó Rotulador con su voz metálica.
—¡¿Veis?! ¡Aprended de Rotulador! —instó Khazike—. ¡A él esto le parece guay! ¡Por eso merece un azote! ¡Taka!
—Father! —llamó—. Save me!
Khazike soltaba la misma carcajada que debían soltar los capataces de las pirámides mientras molían a latigazos las espaldas de los hebreos mientras se dedicaba en cuerpo y alma a dejar la espalda de Alf sin varias capas de piel. Angelito, se divertía tanto hasta que algo golpeó la caravana en dirección contraria y cayó de boca al suelo.
Irónicamente ahora la velocidad de los explotados aumentó considerablemente ante la idea de dejar atrás a su explotador y, cuando la nube de polvo que levantaron se disipó, Khazike pudo ver, después de la cagada en la madre de alguien de rigor, al responsable de su percance.
Un tipo bajito, con el pelo largo y una máscara blanca permanecía en pie frente a él.
—¡¿Otra vez tú?! —le gritó Khazike.
—Aún no he cobrado mi venganza —le respondió el enmascarado.
—¿Venganza? Entonces me he perdido… ¿No eras un vendedor de churros?
—¡Claro que no, imbécil!
—¿Entonces?
—¡¿No me recuerdas?! ¡Tú mataste a mi maestro y yo ataqué tu caravana para vengarme, pero me largué por mis cosas!
—Joder, si tuviera que recordar a todos los que he matado y sus respectivos buscadores de venganza se me haría eterno… ¿Cuándo fue eso?
—En Yo, Khazike.
—Ah, eso explica porqué no me acordaba de ti —andas un poco desfasado—, ya tenemos una semisecuela, como Porruto Sin-pudin.
—¡Ya lo sé! ¡Y tengo que seguirte por esta mierda de novela-serie para cortarte la garganta!
—¡Eh! ¡Eh! ¡No insultes a las mierdas! ¡¿Qué te han hecho a ti las mierdas?! Y bueno… La serie tampoco está tan mal, a lo mejor mejoraría si Geekman muriese, pero, ¿qué le vamos a hacer si es una mala hierba?
—¡Geekman es un gran personaje!
—¡Eso no te lo consiento! —gritó Khazike sacando a Marisa y apuntando—. ¡Aquí no hay más personaje bueno que yo!
Apretó el gatillo… Y no ocurrió nada.
—Eeerm… ¿Marisa…? ¡¿Qué?! ¡Claro que tú también eres buena, pero no me jodas aho…!
No pudo acabar la frase porque el esquivar una cimitarra que se acercaba a su cuello peligrosamente doblándose 90 grados hacia atrás era más apremiante. Se apoyó con las manos en el suelo y saltó hacia atrás lejos del alcance del enmascarado que le preguntó:
—¡¿Dónde aprendiste a doblarte así?!
—Me enseñó Neo —le respondió Khazike.
En ese momento Neo, el de Mátrix, con las ropas destrozadas, apareció junto a Khazike y se abrazó a sus piernas.
—¡Pastillas! ¡Dame pastillas rojas! —pidió entre sollozos.
—¡Suéltame, cachoyonqui! —le gritó Khazike intentando inútilmente patearle la boca.
—¡Tío! ¡Tengo el mono! —continuó llorando.
El enmascarado empezó a correr hacia Khazike apuntándole con la cimitarra y gritando como un descosido.
Gracias a una supuesta entidad superior Khazike logró liberar una pierna del abrazo de Neo y la usó como punto de equilibrio para patearle hasta el enmascarado en cuya cimitarra se ensartó cuando estaba a pocos metros de nuestro héroe.
Khazike convenció con rapidez a Marisa de que volviera a disparar y descargó varios cartuchos sobre Neo que le atravesaron y también acertaron al enmascarado. Ambos cayeron derribados.
Khazike volvió a enfundar.
—Por fin. Ya estaba harto de que ese bastardo me asaltase mientras voy en mi caravana, las carreteras son ahora un poco más seguras. Al menos para mí.
Eso se decía mientras se acercaba a los cadáveres para patearlos un par de veces y, si eso, robarles algo de valor. Llegó junto a ellos y empezó a propinar pequeños puntapiés a la cabeza del enmascarado.
A partir de ahí todo pasó muy deprisa de modo que imagináoslo a cámara lenta: se oyó un tremendo zumbido a lo lejos por lo que Khazike giró rápidamente la cara para ver cómo lo que parecían siete tortugas a una velocidad de trescientos kilómetros por hora pasaban por su posición lanzándolo por los aires tras lo que el cadáver no tan cadáver del encapuchado se libró del peso muerto de Neo y saltó hacia arriba intentando ensartar esta vez al idiota correcto para toparse con un pie en la cara cuando ya las tortugas se alejaban en la lejanía.
El de la máscara blanca cayó de mala manera mientras que Khazike logró hacerlo de pie. No obstante el enmascarado logró ponerse de pie antes de que la cosa llegase a mayores.
—¿Sabes que no hay nada que me fastidie más que la gente que dice estar muerta, pero que al final resulta que no? —preguntó Khazike.
—¿Cómo vas a decir estar murto?
—Calla y explícame por qué no has llegado ya al otro barrio.
El enmascarado se abrió la chaqueta mostrando un chaleco antibalas con muchos agujeros.
—Kevlar —explicó.
—Un momeeento… —dijo Khazike fijándose—. ¿Eso no son tetas?
El enmascarado se tapó rápidamente poniéndose de lado.
—No, no lo son.
—Tía, reconozco unas tetas cuando las veo.
—Te digo que no.
—Bueno, chica o no, nadie me toca a mí los cojones sin permiso. ¡Vas a comprobar cómo me las gasto yo con las de tu calaña!

¿La matará? ( o Y o )

1/4/09

Mindfuck

Un mindfuck es una imagen que oculta una pequeña sorpresa y en la que hay que fijarse para encontrarla y a veces esto no pasa, pero aún así hay que insistir. A mí me recuerdan bastante a los típicos libros de "¿Dónde está Wally?" Y como una imagen vale más que mil palabras ahí va una (recomiendo pinchar encima para verla más grande):

29/3/09

Kronikas dun Khazike XI: conejos

Bueno, ha sido está siendo un viaje largo y extraño, pero hoy podréis comprobar que la cosa sí avanza porque este capítulo dará finiquito a la primera temporada. A ver si me esfuerzo y no resulta ser la mierda de siempre. Y vosotros esforzaos en leer, cojones.

—¡Las líneas no avanzan! —gritó alguien desde una de las trincheras que habían fabricado apresuradamente los soldados del regimiento de Muchauve—. ¡¿Por qué las líneas no…?! ¡¡¡AAAAAARGH!!!
Aunque la cosa parecía estar desigualada ya que los soldados del reino tenían lanzallamas y los conejos luchaban a boca’os no era tan así. Los conejos eran tan rápidos que esquivaban con facilidad las llamas y antes de que te dieras cuenta te habían saltado a la nuez. De ahí que improvisaran una trinchera para proteger sus pescuezos.
A nivel personal Muchauve hubiera preferido dejar que esos bichos se dieran por culo entre ellos o directamente se murieran, pero daba la casualidad de que estaban entre él, punto A, y los bosques donde pretendía llegar, Punto B.
Malditos puntos C… Uno de ellos mató a toda mi familia ayudado por una banda de cedillas… Ç. ¡Ahí hay una! ¡Y es de las grandes! ¡Corred!
En fin, volviendo, al tema, lo que de verdad molestaba a Muchauve no eran los conejos, sino…
—¡Mi sargento! —gritó el soldado tocapelotas entrando en la tienda del campamento asignada a Muchauve.
Éste estaba sentado de espaldas a la entrada y movía un brazo a intervalos regulares trabajando en algo fuera de la vista del soldado.
—¡Seguimos batallando con los conejos! —informó el soldado.
—Ah, bien —respondió Muchauve con calma—. Igual que todos los minutos, de todas las horas de todos los días que llevamos aquí, ¿me equivoco?
—¡Señor, no, señor! —reconoció el soldado.
—Creo que tu dedicación a mantenerme informado merece una recompensa digna —continuó Muchauve con una calma que ya ponía nervioso.
—¡Señor, sí, señor! —respondió el soldado, sonriente.
—Bien pues… —dijo Muchauve—. ¡Te mandaré al infierno para que te la den allí!
Se dio la vuelta rápidamente empuñando un machete en una mano y en la otra una piedra de afilar y se lanzó sobre el pobre soldado tocapelotas que salió corriendo de la tienda en dirección a las trincheras mientras el consejero le perseguía echando espuma por la boca.
El soldado siguió corriendo y atravesó la trinchera saltando sobre las cabezas de sus compañeros, prefería los conejos y lo que quiera que hubiera en los bosques antes que al ya demente Muchauve.
Sin embargo al dar dos pasos hacia la línea de conejos hubo una gran explosión sobre esta y la onda expansiva le lanzó hacia atrás. Cayó sobre Muchauve y, como todos los demás, quedó cegado unos segundos…
Cuando la luz volvió y se disipó el humo pudieron ver figuras a lo lejos, eran cuatro. La de más a la derecha parecía llevar una bola de discoteca en la cabeza, la siguiente tenía el pelo largo ondeándole al viento, la tercera era bajita y gorda, y la última parecía una especie de cyborg mal hecho.
Desde ese lado les llegó una voz que gritaba:
—¡Perdonad si os hemos jodido la diversión! ¡Pero esos conejos estaban en medio y nos harían difícil lo de mataros y eso!
Muchauve sólo alcanzó a decir una cosa en su sorpresa:
—Pero… ¿qué cojones…?
Mientras, en el otro lado…
…Alf se volvió a Khazike y le preguntó:
—¿No son demasiados?
—Tonterías —le respondió—. Nosotros solos podríamos con todos, es más, yo solo podría. Además el colega Oskarl nos ha conseguido un ejército. ¿No es así?
Una especie de cyborg rubio asintió y sonrió sosteniendo una porra en la mano. En efecto fue él el que dio matarile a Plasticko.
—Ya te dije que tenía un buen infiltrado —dijo Geekman a Khazike—. Yo siempre voy a lo seguro.
—Pues con aquellas fotos no estuviste muy fino —dejó caer Khazike.
—¡Prometiste no volver a hablar de las fotos! ¡Ese culo no era mío! —le gritó Geekman.
—Vaaale, vaaale —concedió Khazike, tras lo cual se volvió hacia Oskarl—. Bueno, ¿y tú cuándo vas a sacar tu ejército?
—¡Ahora mismo! —dijo para luego silbar—. ¡Hombres alegres del bosque!
Pronto un ejército de unos doscientos hombres “alegres” salieron de entre los árboles. “Alegre” era un eufemismo para definir a todos aquellos tipos de rosa, con ropa ajustada, piercings y olor a rosas.
Khazike, miró al ejército y, muy lentamente, ordenó a las vértebras de su cuello girar como una bisagra oxidada hasta encontrarse con los ojos de Oskarl. Éste esquivó la mirada usando los pies como excusa.
—Lo siento —dijo—. Los mercenarios de dos metros y brazos como troncos son caros, pero seguro que estos luchan bien.
Khazike no perdió la calma.
—Por tu propio bien, espero que así sea —le respondió tranquilamente y después se volvió a los soldados—. ¡Al ataque!
Ninguno se movió.
—¡Atacad! —volvió a probar.
Nada.
—¡Desgarradles el cuello!
Nada.
—¿Qué cojones tengo que hacer para que ataquen? —preguntó por fin a Oskarl dándose por vencido.
—No usas las palabras correctas, mira —explicó Oskarl dándose la vuelta.
Puso voz de pito y gritó:
—¡A la carga reinas!
Todos los intentos de soldado corrieron, o más bien fueron dando saltitos, hacia el enemigo que, si no se sintiese tan ofendido y sorprendido al mismo tiempo, se partiría la caja.
Algunos se quedaban por el camino llorando porque se habían despeinado o roto una uña, pero otros conseguían llegar y arañar, tirar de los pelos y dar por culo a los indefensos soldados que intentaban huir sin éxito.
Las bajas pronto se hicieron considerables y Muchauve observaba la masacre desde un puesto avanzado con, para su desgracia, el soldado tocapelotas.
—¡Maldita sea! —gritaba el consejero—¡¿Qué hacemos?! ¡Caen como chinches!
—Yo voto por largarnos de aquí, sí, señor —respondió el soldado.
En el otro lado Khazike se impacientaba.
—Vale, pelean bien, ¿pero por qué demonios van tan lentos?
—Dales tiempo —respondió Oskarl.
—Nah, no necesitan tiempo, lo que necesitan es nápalm.
—¿Y de dónde lo vas a sacar? —preguntó Geekman.
—Espera y verás.
Khazike se llevó los dedos a la boca y silbó tan fuerte que a algún soldado se le reventaron los tímpanos… Y no pasó nada. Al menos hasta pasados diez minutos en el que enormes figuras blaquinegras a reacción oscurecieron el cielo.
Al principio nadie se preocupó, demasiado, pero cuando empezaron a dejar caer miera ardiendo sobre los soldados y los hombres alegres del bosque sí que se preocuparon más. Pronto todo el campo de batalla fue un infierno y nadie sobrevivió salvo el soldado tocapelotas y Muchauve, que volvieron arrastrándose a Ciudad Frikipedia.
Ahora que todo estaba en paz, Oskarl se quedó dirigiendo la rebelión en el bosque mientras que Khazike y compañía montaron en su caravana en busca de nuevas aventuras seguidos de sus queridos pingüinos-nápalm. ¿Qué aventuras les deparará el futuro?
Fin de la saga, pero continuará ( o Y o )